lunes, 31 de mayo de 2010

El día después de mañana

La cobardía es asuntode los hombres, no de los amantes.Los amores cobardes no llegan a amores,ni a historias,se quedan allí. Ni el recuerdo los puede salvar,ni el mejor orador conjugar.
Silvio Rodriguez

Momentos efímeros. Bizarros. Histéricos. Que queden en la memoria o pasen a ser historia depende de cada uno. No todos los años se tienen la posibilidad de cumplir años (y navidad, año nuevo, reyes y semana santa en mi caso también) en una de las ciudades más vivas del mundo. Súmenme un punto por anécdota original.


Si hay algo que voy a extrañar es la independencia y relajo de saber que estás sóla en la ciudad. Esa mezcla de nervios, excitación, y desmesura que te lleva a elegir entre tantas calles, comidas, y hombres. Mi primer jueves con 24 años me encontró de muy buen humor. Después de un “café” americano, un jugo de naranja, y unos pankakes, Agos y yo nos encontramos con Ariel, Lean, y Adam en ABC y de ahí caminamos para alquilar unas bicis por el día- Objetivo: indefinido. Tiempo: lo que nos dieran las piernas. Clima: nublado, 26 grados. Ambiente: mucha gente ansiosa de ser victima del amateur ciclista llamado Adam, de la velocidad inquebrantable de Ariel, del pancho de Lean, del pucho de Agos y del manejo sin manos de quien les escribe. Así fueron pasando las horas, yo casi me mato en una curva y a Adam casi lo atropellan cruzando la séptima avenida en contramano.

I need passport. We Orly have Argentinean ID. No. Ok. No hubo excepciones ni caso, no pudimos entrar al bar que tanto me habian recomendado porque no portabamos la documentación requerida. Uno nunca deja de entrar en este país. Después de las diez entrevistas, cuarenta scanners metálicos, y dos fotos vas a seguir necesitando tu documento que acredite identidad hasta para entrar al baño de un bar. Una frozen margarita (trago que nunca pude superar), dos Dos Equis, una Negra Modelo y un par de coca lights (para los menores) nos esperaban cruzando la calle.

Una aspirina, y un café negro me dijeron buen día el viernes 28. Quiero ir a cuba, le dije a Agos mientras entrábamos a mi bar de los domingos para saludar a Ana, mi amiga uruguaya. No te puedo creer que te vas en menos de 15 días. Le dije, venite, pero no hubo respuesta. Insistí, volvé. Apenas frunció el seño y me dibujó una ilusión, “te va a ir bien, vos disfrutas la vida, y seguí viajando”. Tan obvia soy? Y si está en mi naturaleza viajar? No, no creo que el destino. Ya te dije que no creo en eso. No me molestes.

Webster Hall es el boliche en donde terminamos el viernes a la noche. Si me comprenden, se parece a Genux en Bariloche. Tiene cinco pisos, cada uno con música dispar, y en el piso principal conviven las tres grandes minorías de Nueva York: latinos, negros e indios. Rubios, vi sólo con el que hablé toda la noche. Rubio de rusia. Antes de eso, me dedique a tomarme un sex on the Beach y mirar el wild on que acontencía en la tarima. Al mejor estilo de Hollywood, la pareja de al lado tenía sexo con ropa. El chamuyo, al que me mal acostumbraron, no existe. Es todo o nada.

El chiste que empezó a las 23 terminó a las 3.30 am cuando prendieron las luces. Nada de afters, hicimos tiempo por ahí hasta las 6.20 cuando ya era de día y salía el primer tren upstate. Ese silencio que dice mucho y esa sonrisa que dice más. Al otro día, la acompañé a Agos al JFK y me volví en el subte, bus, subte, subte y tren. Me compré una cupcake de chocolate e imprimí el ticket para Miami.

Mañana me voy para Filadelfia y vuelvo solo a NY para tomarme el avión de vuelta. No me arrepiento de nada que hice ni nada que no hice. Dejo la ciudad, más triste que feliz, pero siempre es mejor lo desconocido que lo conocido. Lo oscuro que lo claro. Es el misterio lo que no abunda.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Que el calendario no venga con prisas

Hace mucho tiempo que no estaba tan cansada. Ese cansancio tal que bostezas cada medio minuto y que contagias al de al lado y el de al lado a vos, de nuevo. Ese cansancio que hace que en vez de dos piernas tengas dos bolsas de arena. Ese cansancio que lucha por volverse sueño. Que se auto miente por llegar y crea promesas imposibles de cumplir.

El despertador sonó a las 5.01 (siempre un minuto más de sueño). 6.13 salía el tren a Manhattan y 8.20 el colectivo a Washington DC. Sarna con gusto no pica diría mi madre. Llegamos a la ciudad maqueta alrededor de la 13 sin lugar donde dormir. Donde quedarnos era, como diría mi amigo Shakespeare en la peli “Shakespeare in love”, a mistery. Me estoy volviendo habitué, le dije a Agos, mientras le explicaba donde quedaban cada cosa en un mapa improvisado con una bic y una servilleta. Es una ciudad que me genera algo que no me lo da Nueva York. Ese gusto a silencio, esa acidez de indiferencia y soledad. Caminamos por Dupon Circle, por el downtown, el national Mall, algún museo, el Capitolio y algún que otro Memorial. El sábado terminó con fiesta, y rally por varios bares. Leit motiv de la noche: “Argentina, beautiful women”.

Pero volvimos. Ahí donde dobla el viento y se cruzan los atajos, ahí volvimos. La ciudad 7-24 no nos extrañó, seguía ahí, iluminada, transitada, querida y odiada, como todo lo popular. Tanto que ya aburre.



El 25 de mayo fue un día típico y rutinario. Nadie, por supuesto y aunque nos duela, tenía idea que ese día era el 200 aniversario de nuestra querida (¿?) nación. Ni fuegos artificiales ni choripan y pastelitos. (sin comentarios). El consulado argentino –que by the way, queda a media cuadra de louis vuitton, cualquier coincidencia con la realidad, ya saben- tenía previsto una ceremonia para coronar el monumento a San Martin en el Central Park a las 17 y a partir de las 18, empanadas garrapiñada y vino tinto en el primer piso del único departamento de tierra argentina en esta ciudad. Yo llegue tarde –tenía otro compromiso-, pero me encontré con varios amigos y caras conocidas mientras me daban una escarapela y tomaba medio vasito de coca light. Dicen, los que estuvieron, que el evento conto con un show de folklore, de tango y exposiciones de fotos de gauchos y del campo argentino. A partir de las 20, la gente se fue dispersando. Varios eran turistas, muchos gringos y algunos, como yo, que estábamos feliz de entablar una conversación en “argentino”.

La primer acepción de la palabra extrañar es , según la RAE, desterrar a país extranjero. Caminamos por la 5ta avenida hasta el Roquefeller Center donde varios de mis amigos subieron a sacar fotos del Empire State iluminado de los colores de la bandera argentina. Agos y yo nos metimos por unas calles del Midtown hasta que llegamos a Times Square y nos perdimos entre la ola de turistas. Compramos una Yuinglin (los que saben de cerveza del norte capaz la conozcan) y nos sentamos afuera. No puedo más, Belu. Yo tampoco. El jueves cumplo 24 y prometo crónica de un cumple sin edulcorante.

jueves, 20 de mayo de 2010

Mirame, mirame, mirame

Tren, subte, subte, colectivo, auto. Auto, colectivo, subte, subte, trabajo. Esta quien dice que la vida es un viaje (de ida por supuesto), que cada día es especial, que el momento es ahora. Carpe Diem. No tenemos más que ese presente, que después solo queda arrepentirnos y hacernos esa pregunta que evitamos decir en voz alta: y si…?


Obey God, banio en un hospital del lower manhattan


(N.A Siempre me gusto mas el hubiese que el hubiera) Hace un par de años en un pueblito perdido del norte de Brasil una gitana me leyó la mano y me advirtió que tengo que parar de racionalizar todos los problemas del amor. Así que le hice (demasiado) caso, y deje de preocuparme por pensar de más y por más cursi que parezca, lo deje ser. Así, mi amor por esta ciudad del norte carece de razones lógicas. Es un amor, así, imperfecto.


Siempre patriotas

Juro que el amor acá debe de ser ciego pues la vista es el sentido que menos se usa. Extrapolarse por un día es oler, escuchar y comer. 66th Street y Broadway, estación de subte del tren 1 rojo para ir downtown –me lo tomo hasta Times Square todos los días-. Día de calor moderado. Caminas por el andén, siempre con cuidado de no pisar lo amarillo, mientras las sandalias se te pegan al suelo. La puta, nunca limpian. What? No, this train goes downtown; to take the uptown train you have to go across the street. Pensé en caminar hasta el final del andén que había menos gente, pero una pareja de ratas se cruzó cinco metros adelante y aborte la misión. El aire es pesado, húmedo hasta que se ven las luces a lo lejos y se puede sentir, por fin, el olor al viento encerrado.

Agos en el Rockefeller Center


El miércoles el viaje fue al JFK para buscar a Agos, que vino a visitarme por un par de días. Resetee la rutina y cambié el humo de los puestitos del hot dog y el sublaki árabe –no griego, gran diferencia- por el pasillo del smoke-clean de la terminal 4. Perderse por las calles del Midtown con alguien que recién baja del avión es genial. Después de casi ocho meses en esta ciudad uno pierde toda capacidad de asombro. Pero es con una indiferente justificación: ya fui a todos los lugares turísticos por lo menos unas cuatro veces con cada turista amigo.

La ciudad basura, consumista, cabeza de locura, y la premier de la moda, es al mismo tiempo una ciudad del primer mundo. Lo primero que me pregunto Agos es dónde NO ir y dónde no es seguro caminar. Cuál es la “Constitucion” de Manhattan? No entiendo. Claro, contame donde no irías. No iría a por Chinatown/lower east side después de las 23. No es que no iria, lo evitaría si es posible. Algo más me pregunta mientras me patea en el subte…che, mira ese pibe, con la notebook, ahí enfrente a la derecha. Que tiene? Como que tiene? Esta con la notebook en el subte. Te imaginas eso en BA? La verdad, no se qué tiene de malo. A esta situación le sumamos la gran pregunta que me hicieron mientras chateaba con el blackberry de noche con un amigo argentino. Pero estas en la calle? Si, llegando a casa. Pero estas con el teléfono en la calle, chateando a las 11 de la noche? Si. Y es seguro? …

JFK

Agua con gusto a arándanos, el jugo de manzana que compré equivocadamente con jengibre hace un par de meses, muffis de todo gusto y color, vitaminas, bagles, donnas, cupcakes; sirenas de bomberos, policías, muisca de lady gaga, Michel Jackson; un hombre que te frena para comprarte un pucho en la mitad de la calle (dos por 1 dólar, lo queres igual?), el de seguridad que te invita al bar donde trabaja de noche, la lluvia acida sobre las avenidas anchas, los turistas lentos, los ciento diez idiomas que se escuchan en cada esquina, los locales de camas solares, de manicura… sumado a los ojos –claros- de varios morochos, hacen de Nueva York una ciudad a un millón de años luz de Buenos Aires. Pero, y le respondo a Soda Stereo, yo vuelvo con razón.

lunes, 17 de mayo de 2010

Si tu pelicula es vivir 100 años

...no vivas como vivo yo.

"Un día cualquiera no sabes que hora es"

Rápido que soñaste? Tuve una pesadilla. Sobre qué? Con el acido sabor de mi mas reciente recuerdo le cuento mi historia. Ya que estas descifralo. Soñaba que me despertaba de un sueño y tenia pegada a la oreja la cola de un ratoncito. Pegada la cola con mi lóbulo y sentía las cosquillas del ratón y rogaba por una tijera. Querías saber? Bueno, ahí tenés. Ahora qué?

martes, 11 de mayo de 2010

"Strangers on a Train"


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domingo, 9 de mayo de 2010

Besos con sal

En las montañas de Malasia? Pensé que estabas en KL. Y qué onda? No, no no hablé con él, pero contame vos, de tu pelo.

(escuchar con esta cancion de Sabina) Me di cuenta apenas cuando cerré la puerta de la casa que me estaba olvidando el celular. Sonreí, un día sin el maléfico artefacto no me va a matar. Uno piensa que cuando vuelve (y mas un sábado) va a tener cien llamadas perdidas, 40 mensajes de texto y varios correos de voz. Generalmente nada de ello sucede. Me tomé el tren, me acomodé al lado de la ventana que da al Hudson, saqué el libro y me transformé en un cliché.

Viajar en el tren es como soñar despierto, la mente se dispara para cualquier, cualquier tema. Me imaginé que sería de este mismo viaje sin la tecnología del siglo XXI. Me imaginé estar siete meses (cumplí ayer) sin Skype (usuario: leluarg) y me preocupé. Escribiendo cartas bajo una tenue luz en el inquebrantable enero neoyorquino y me desespero. El señor de al lado se va a morir, pensé, que pare de toser que pesa 240 libras y mide 6.1. Como menciona Watzlawick… en uno de sus axiomas: es imposible no comunicar. Es decir, todo comunica. Y acá en Manhattan, eso es decir mucho.

Yo en la 14st y la 4th Ave.
New York sufre de la Metamorfosis de Kafka. Gregorio somos todos los que caminamos en la isla. Me bajé del subte verde (para mi todo es por color), me até el pelo alto, me puse los anteojos y caminé para el lado de la segunda avenida y la calle 10. El barrio A está lleno de Punks y tattoos con extremidades. Son los que aún pueden pagar 950 dólares un cuarto de 2x1. Los otros, cruzaron el charco y viven en Wilamsburg, Brooklyn: el nuevo Palermo Hollywood de NY. Estas son las cuadras no top donde podés encontrar las mejores ofertas de cervezas tiradas, happy hours hasta las 20 (generalmente son hasta las 7) y las cosas más insólitas: el KGB Bar, ex reuniones de ucranianos comunistas, y un bar donde todos los martes a las 20 se reunen cual Mundial los enfermos fanáticos de Lost para tomarse una birra helada, sentarse en los sillones y competir sobre quién sabe más detalles de esta saga. Próximamente crónica.


la KGB en NYC


Cuatro cuadras largas al oeste me encuentro con Michael para ir a ver la película Kick Ass al cine. Ya es casi de noche en la ciudad de las mil luces. Los peatones son otros, advierto. En qué momento cambiaron? Qué me perdí? New York muestra su cara más de película que la real. Para mi son todos drug dealers ahora. Salgo del cine y…Pantalones de cuero apretados en cuerpos no aptos, cadenas de oro y aros gigantes. Siento que falta la música y empezamos todos a bailar para el nuevo video clip de 50cent. Entramos a uno de esos die bars de la zona, esquivé varias miradas mientras pasaba atrás de la mesa de pool. Cómo extraño a las chicas, dije en voz alta mientras la pareja de al lado se pedía dos tequilas cada uno.

Maldije al invierno una vez más por no tener campera y estar en sandalias. Bye Michael. See you on Monday. Al subte verde lo tuve que esperar como diez minutos que no fueron más que diez minutos de incredulidad. Al lado mío, unas 6 mujeres en sus 30s en plena despedida de soltera. Aplausos, globos, remeras verdes con la cara de la que permutaba libertad por compromiso. El andén se convirtió por diez minutos en un Pachá reloaded.

Exageradamente en esta ciudad todo comunica. Al cabo de varios minutos me tomé el tren de vuelta que se retrasó 15 minutos porque un pasajero le robó el ticket a otro mientras este se iba al baño. Mi compañero de asiento me miraba en búsqueda de contacto visual para charlar sobre lo que pasó varios asientos atrás. Me di vuelta y me hice la dormida. Suficiente por hoy, pensé.

domingo, 2 de mayo de 2010

Algo contigo

Vaya uno a saber por qué el que me pide el ticket en el tren todas las mañanas decidió saludarme y pasar de largo. Mayo empezó divino, pensé. 27 grados, viento y una Lexington Ave relajada me recibieron cuando salí por las puertas del costado de la estación más emblemática de Manhattan.

Andar por Gran Central Terminal (Station es el post office al lado, aunque se acostumbre llamar a ambas por el mismo nombre) un día de semana es calificar para los metropolitanos en carrera con obstáculos. Florida y Lavalle son de principiantes. Los pasillos son el autódromo del Daytona. Así, debo admitir, me he chocado con varios, bailado con tantos otros, y hecho contacto visual con muchos más. La terminal de los trenes de mediana y larga distancia es un cementerio de secretos que ya les contaré en el siguiente post.

Pero volvamos a mayo que me cae bien. La semana pasada, Vanessa, una compañera en ABC, me comenta, al pasar, que se estaba gestando en todo EE.UU. una marcha anti ley de Arizona. Llego, y como todas las mañanas, prendo la PC y el televisor que tengo al lado y me pongo a ver las noticias. Cualquier agente de la ley que sospeche que alguien es un inmigrante ilegal puede pedirle documentos y así, como quien pide un café con crema, empezar el proceso de deportación. Ya el alcalde de NY, que va por el tercer mandato, lo dijo, “no se metan con ny”. Es que sacan a los inmigrante de ny, y literalmente, la ciudad hace estragos.

Union Square fue el lugar de encuentro de todos los activistas de los derechos del inmigrante. No, argentinos no vi. Ví, para mi sorpresa, varias banderas uruguayas y tantas otras del Salvador, México, Honduras, Brasil, Colombia… Ya a las 14 el primer calor del año empezó a hacerse sentir y estar en el medio del tumulto fue un deja vu de un viernes a la noche en esos sótanos bailables que acosaban la ciudad antes de Cromagnon.

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Me alejé unas dos cuadras al este, me encontré con una amiga y las blusas tejidas con pañuelos de colores mutaron por tacos amarillos, minis, y musculosas. Calles cortadas cual peatonal de Gesell y feria con comida portorriqueña, ropa vintage, y sábanas “egipcias” a precios irrisorios invadían los ojos de los turistas, locales, y curiosos. Ladies, do you live in nyc? (sigo en español) Les ofrezco 300 dólares por 60 en este local, 30 minutos de masajes, corte de pelo, y mani y pedi todo por esa mínima suba. Y soy real, miren, tengo la remera del local. ¿? Y acá esta la prueba de que existimos (muestra una página de Internet impresa). Qué querés? Lo único, me tienen que pagar ahora. Pero vos no tenés cara, dije en español.

10 cuadras al sur, entramos al Village East Cinema a ver La Sangre y La Lluvia, película parte del Tribeca Film Festival –TFF-. Colombiana-argentina, narra un día de la vida de un bogotense metido en la mafia del narcotráfico en las más oscuras calles del downtown. Lenta como pocas –no esperaba otra cosa- y con un guión digno de un estudiante, lo único que rescato es la actuación de la dama que sólo por ella, la película se lleva dos belenes y medio.

Ahora sí, empezó el principio del fin. La película de los mil subplots todavía no termina, las luces siguen apagadas.

sábado, 1 de mayo de 2010

Y un día, volví a tomar el té


Dulce o amargo? Semi amargo? Bueno. Nos faltan bizcochos. Mediaslunas, corrijo yo.