sábado, 25 de junio de 2011

nunca



usé agenda. para acordarme de las cosas generalmente las escribía en la palma derecha y solamente palabras que después, obviamente, no sabía ni qué querían decir. Numeros de teléfono sin el 4, números de icq de alguna amiga o amigo nuevo.
el otro día fui al banco porque no entendía por qué para hablar con el call center necesitaba activar otra clave más. me atiende un chico, mi edad debía tener, se rie cuando le digo que esperaba que la clave me la mandaran a mi casa. con paciencia, me hace el tramite completo -yo mirando cómo lo hacia en el cajero-. le digo que es imposible que me acuerde la clave del cajero, la del home banking, la del telefono, la temporal de no se qué, mi número de teléfono y las dos preguntas de seguridad por si me olvidaba alguna de estas mil claves.
no sos muy amiga de los bancos, no? y se ríe.

Me eduqué en la intolerancia/ yo no elegi estar maldito



el. lo llamaste?
yo. le mandé sms
el. peeeero
yo. :) me acordé viste
el. viii
a ver cuándo te acordás de mi
yo. vos poque querés que te traiga algo de londres
el. nada
pero nada nada
yo. ok, nada será
como vos y mi lindt rojo
el. :p
pss lo mismo que me traes cada vez que viajás
yo. te traje una vez la etiqueta esa
el. hace mucho fue eso. si podés traeme alguna.
yo. bueno, tendré que tomar por tí
el. good for us
yo. chau

me encanta el cómo de la obra de esta mujer



quizás un color significa más que una palabra. quizás.

jueves, 23 de junio de 2011

No, gracias

Soy mujer y soy argentina y hace varios años que me siento incómoda cuando amigos hablan de mujeres y de política. No por el tema -me encanta hablar de política- sino porque me hizo, desde hace tiempo, ruido el hecho de que las mujeres necesiten, según estuve leyendo por ahí, del cupo femenino para poder participar en política de forma justa y positiva para la democracia de nuestro país.


Qué dice la ley?

El primer distrito argentino que puso en práctica la figura del cupo femenino fue la Ciudad de Buenos Aires, cuya Constitución, en 1996, estableció la obligatoriedad de que cada tres candidatos en la lista a legisladores locales uno debe ser mujer. Diario La Nación.

Años atrás se intentó una reforma a uno de los artículos del Código Nacional Electoral sobre esto para llevar del tercio al 50 porciento de mujeres en las listas de los partidos politicos. Me encantan las mujeres en política, me parece que vuelcan en la legislación una visión distinta a la histórica que los hombres supieron construir. Pero esto no debe tener que tener peso de ley. Nada justifica esta discriminación hacia los hombres. Esta ley es terrible mismo para las mujeres que implica, indignada lo aclaro, que necesitemos de un cupo mínimo para poder participar. No estamos en una época arcaica en la que la fuerza física era central para ejercer el poder. Por lo menos no en política. La fuerza estará basada, entonces, en estrategia, méritos, conocimientos, experiencia y si quieren, alguna arte oscura.

Se le llama demagógicamente discriminación positiva pero no es sin más un obstáculo en la libertad de elecciones internas -si las hubiese- de cualquier partido político. Lleva a enfrentar especulaciones, amiguismos, sospechas del marido cercano al poder... Estamos todavía más lejos de cualquier igualdad de género ante la ley. Que piensen en eso y no de lo contrario -que sea la mujer detrás del poder- me deja sin cuidado. Porque al fin y al cabo somos todos animales políticos.

martes, 21 de junio de 2011

"All literature is gossip" T. Capote

Hay -muchos- libros que me cuesta terminar de leer. Pero como trauma psicologico que debo tener, no puedo dejarlos en la mitad, necesito terminarlos, así me cuesten mil minutos en el 17 (tres paginas de largo dura el viaje). Hay novelas para leer en verano, en días de humedad y lluvia barata, en lunas del sur, y en aviones de viaje. Cuando estoy en BA, no puedo sino leer un poco de tres novelas. Ese es mi equilibrio, lo impar.

Sé siempre cómico en la tragedia. ¿Qué se puede ser si no?" Gabriel Syme en el hombre que fue jueves...

Sonó el despertador del celular -tengo la sana costumbre de apagarlo los fines de semana- el otro día, mi día cualquiera favorito, y pensé o me imaginé los circulos de energía de alguno de mis chakras girando para el otro lado. Salí de casa a correr con un short -11 grados, menos de 10 es jogging- y sabía que tenía que irme. Y lo más lejos que me alcanzara el pasaje. Por fin, me vuelvo a ir y me acordé de Johnny Depp y de cuánto me gustan sus ojos delineados, lo pasaban en un lcd del kiosko camino a mi casa. Me cruzo con uno que se iba a correr como quien te entiende -como los que usamos anteojos-, y me acordé que no tenía carnet de estudiante para el tren de londres a paris.

Lo que menos me gusta de viajar es el irme. Volver me encanta. El pasaporte, la foto para el carnet -primera foto, impresion, las fotos no mienten son como las primeras impresiones-, la valija, la ropa, el shampoo, los lentes de contacto, la cámara, el libro -clave- para el avión -sepan, no duermo-, el tornado de histerisimo 48 horas antes, vender-comprar, esmalte, quitaesmalte, tacos, no tacos, mmm campera, verano, y mira sí, y el 102 me dejó hoy en constitución para retirar mi certificado de alumna regular. y la rutina, de nuevo. que cuál llevo, que qué subte me tomo, que no conozco, que me voy a perder, que viajar sola es una mierda.

Cuando todo eso pasó, y llegas donde querés sabías que el final ya estaba escrito y lo habías leido antes. Como yo, que cuando llegue y me baje del tren, me voy a acordar de una sóla cosa.

lunes, 20 de junio de 2011


oceano pacifico/nicaragua

"There is only one way to happiness, and that is to cease worrying things which are beyond the power of our will." Epictetus


jueves, 16 de junio de 2011

son los días de lluvia, no soy yo

Se llega a un lugar sin haber partido
de otro, sin llegar.
Se ama a una persona que uno no recuerda,
más que a una persona que uno recuerda.
Hay manos sin caras,
cuerpos sin palabras,
palabras sin cuerpos,
vestidos solos, jabones importantes como personas.
La gama de confusiones es infinita.
in Invenciones del recuerdo (Silvina Ocampo)