Tapados de piel (si, volvieron), tacos, mucho make up desde temprano. Preludio de lo que sería una noche Cupido. Con Flori, mi amiga de hockey, decidimos hacerle frente a tanta corriente enamorada. Inyección de insulina deberían darnos al resto de los mortales que vemos con otros ojos tanta irracionalidad. Porque eso hacen los enamorados: cosas inexplicables. Son chicos con plata. Son la AFIP con superávit. Se respira, se ve (nunca vi tantos hombres con ramos de rosas) y se siente (las reservas agotadas, mi amigo pudo reservar recién para las 22).

Abrazos gratis en Union Sq.
San Valentín (dicen, un antiguo sacerdote que a pesar de que estaba prohibido para los soldados casarse, unía en matrimonio a todas aquellas parejas enamoradas) encontró en el consumismo su otra naranja. Todo – y digo todo- estuvo decorado para la ocasión. Desde estrenos en el cine, hasta descuentos para rosas, bombones y publicidades. La realidad se tiño de rosa, las mentiras de verdades, la rutina en excepción, los celos en admiración, y el tiempo dejo de mirar el reloj.
Pero siempre esta quien quiera darle la espalda, ponerse anteojos negros y hacer duelo con indiferencia. Porque, como todos ya saben –pero todavía no se dan cuenta- el amor es como lo describe Ismael Serrano… El amor es eterno mientras dura.
